jueves, 17 de mayo de 2007

Siesta, que fantastica y frenetica esta Siesta.

Despues de un año de estar en este deprimente trabajo; decidí tomarme unas vacaciones.
Hoy no hay nadie en la oficina.
Quien si está llamándome y tentándome con sus brazos contenedores es el sillón azul de la esquina.

- Hoy te agarro y me dejo lleva por tus suave imitación de cuero.

Efectivamente, dormí una hora. Y desperté hecho una seda.
Voy a seguir poniéndolo en practica.
Es bueno hacerlo para mi salud mental.
Se convirtio en mi premio de todos los días.

lunes, 14 de mayo de 2007

Rodrigazo - Día anulado.

Eran las diez de la mañana fría y tenebrosa de un otoño sorprendente.
Llega al Hospital: llamemosle Rodrigo.
Tendría que entrar a trabajar al hospital a las 8 horas.
Del otro lado de la oficina se escuchaban los reproches para un trabajador tardío. Aceptación resignada de los hechos era su postura; la costumbre de llegar tarde y las cagadas a pedos por cualquier cosa que él hiciese. Todo lo hacia mal. Era el inútil de turno. El chivo espiado y después culeado.
Vive en el barrio de Flores, con su madre. Cuando se le pregunta por su domicilio, su respuesta es teñida por la exactitud de las coordenadas. No vaya ser cosa que uno se pierda si desea ir de visita y tomarse un té con masitas. Tal calle al tal numero, entre una y otra calle. Asusta la velocidad en que lo repite. Lo mismo ocurre con su numero de teléfono. Ametrallando desenvuelve los números al unisono uno tras otro. Sin pausas.
Sus manos se juntan a la altura del vientre y se entrecruzan temblorosos sus dedos. No te mira nunca a los ojos. Busca la respuesta en el piso o cogoteando y con sus brazos extendidos al costado del cuerpo mirando hacia el cielo.
El cuello de la camisa debajo de su suéter con escote en V, se decora por los restos de cuero cabelludo que allí reposan. Son el resultado de una caspa incurable.
Su agotada mandíbula fue desgastando la punta de sus colmillos. No dejaría nunca de acomodarse la raya al costado perfecta de su cabellera canosa.
Puede tener algo de suerte a veces. Se prepara en un vaso gastado ya por la mugre su te de tilo. El mejor momento de su día es el desayuno.
Son pocas las veces que puede disfrutar, permiso mediante de las facturas que compran otros para todos. Esto estaría supeditado a su comportamiento.
Lo mas triste es que es así. Estoy convirtiéndome en mi mejor yo para poder ser lo mas descriptivo y objetivo posible.
Contadas veces me le acerco a preguntarle como anda. Si sale, a donde y puede que algún día podamos tener un conversación. Una charla.
La efímera información que él suministro temeroso, un día se convirtió en la confesión mas bizarra. Aun sigo sin poder hacerlo en realidad.
Haré una aclaración antes; no soy prejuicioso. Cada uno hace lo que puede dentro de lo que quiere. Pero esto supera mis limites de la sorpresa.
Describió como salida, sus visitas semanales a un departamento privado. Donde señoritas de desgastado andar ofrecen su sexo transitado para los visitantes solitarios. "Uno puede sentirse solo entre los hombres"... contesto la serpiente. Semanalmente. Todos los días.
Mi sorpresa parece que condena.
No fue por el hecho en si. No me horrorizan ese tipo de intercambios por placer mercantiles. Puede que haya visitado unos pocos en mi temprana adolescencia.
A él otra opción no le queda.
Recorriendo su descripción en las primeras lineas de este relato. Entendiendo que lleva en andas mas de 50 años, tuve ante mi la presencia de un hombre resignado a estar solo y mal acompañado.
No por las putas; ellas eran su mejor compañía. Sino por su madre (ahora viene el cuento de ella)... Llama todos los días a su trabajo. Sufre de artritis reumatoidea. Es muy nerviosa. Todo lo quiere ahora y sino pega gritos. Quiere que este con ella todo el tiempo y vivimos en un dos ambientes. Todos los días tengo que salir a comprarle los remedios, hacer las compras y cocinarle. La ropa de ella y la mía la lavo yo. Y la música es solo la que escucho acá, en el laburo... a ella le molesta la radio y pone el volumen del televisor muy alto. Es sorda de un oído y viuda. Tiene tres o cuatro dientes. Nunca me puse a determinar realmente el numero. Es que... imaginate. Cuando le doy la sopa en la boca todos los días no la abre mucho.
Fue una reproducción exacta de su relato.
Hay un broche de oro: vivía con su novia y un día la encontró con las venas cortadas.
Todos en el hospital dicen que le agarro un ataque cardiaco.
Hay veces que prefiero no tener momentos sin tener nada que hacer en el hospital y maldigo cuando no llevo algo para leer por lo menos. De esa manera no tendría que salir a recorrerlo y encontrarme con la necesidad de hablar con alguien.
Hay que aprender a estar solo.

martes, 8 de mayo de 2007

Recorrida 07-05-07

"La Pared Empapada"

Sumergido en los interminables pasillos de los pisos de internación. Parecería un laberinto.
En un piso, una señora encargada de su gestión, se pasea rebalsando y demostrando sus kilos y muslos que entre sí chocan en el andar. Su dentadura equina no le permite cerrar del todo bien una boca que no se detiene un instante.
Los pelos mal preparados, traen el recuerdo de aquellos cables pelados de cobre por dentro.
¿Cuantos años lleva en este hospital?. Con el tiempo descubrí que hay gente que esta hace mas de 25 años trabajando aquí. Toda una vida, por lo menos gran parte de la que llevo viviendo al día de hoy.
Pero no nos dispersemos, voy a seguir describiendo a aquella señora de talles espaciales y a medida.
No voy a detallar tampoco su nombre; mas sí su función. Tampoco voy a decir que fui a hacer a ese piso. Solo voy a enumerar la sensación vivida en ese momento.
Me imagine su vida. Me sentí parte o un mismísimo sándwich de milanesa repleto de adornos que ella disfrutaría mas de una vez al día. Me sentí por destellos de tiempo, parte de su vida. Tenia que hacerlo para lograr mi cometido.
Debe amanecer. Salir de la cama con la salida del sol. Encontrarse ante ella misma en un espejo de baño. Mirando a su alrededor y descubriendo y aceptando, que con el sueldo del Hospital no podría pagar algo mejor.
Puedo ser bastante cítrico a veces. Sí: cítrico, bien limonero. Pero en fin.
No note en ningún momento en su dedo un anillo de alianza marital. Entonces, el desayuno de las cinco y media se acompaña por la radio oficialista.
La imaginación vuela a partir de este momento.
Debe viajar en alguno de los tantos colectivos que se detienen precisos en la puerta principal del nosocomio. Incómodos viajes diarios son el epilogo de su resignación absoluta. El cruce de las puertas corredizas implican transformarse en alguien. Ser y figurar en los legajos como XXX, Encargada de Tal piso de Internación de Cual Hospital.
Fichar en Personal en la entrada, le recuerda a las palmadas del medico cuando la retiro del vientre materno. ¿Sentirá la misma angustia que sentimos cuando nos quitan y encima nos golpean dándonos la bienvenida al mundo?. Recibimos el mundo entre lagrimas. Entre llantos el nos abre sus brazos.

- Hola mundo... perdón por las lagrimas. No puedo presentarme así ante ti. Ya me veras mejor. Sin esta cara hinchada. Mas limpia. Sin esto que me cuelga de la panza. Alguno lo cortara. Voy a estar mejor para vos. Para que me veas mejor. Ahora solo me queda estimular a mis pulmones para poder sobrevivir en ti.

Ja!. ¿Dirán eso los recién nacidos?. Estoy un poco disperso hoy.

Espera el ascensor. Recibe los "buenos días" de sus compañeros y al fin entiende que no esta tan sola en el planeta tierra. Esta poblado por gente.
Resignada y automatizada ante sus tareas mecánicas de todos los días, seria el primer pronostico.
No se le vaya a ocurrir a nadie plantearle un camino alternativo o situación que implique un cambio.
Ese lugar tuvo que tocarme a mi hoy. Lo siento Señorita; estaria cumpliendo con mi deber.
Sus párpados comenzaron a separarse anonadados por mis palabras. Su boca pedía a gritos un bife de chorizo y sus manos imitaban los movimientos acelerados de un almuerzo o cena poderosos y abundantes. Un gran banquete. Una bandeja de plata repleta de manjares.
Pero no había eso. Estaba yo y mi personaje mas premiado; el que trabaja en el hospital. Creo que podría recibir premios de la academia por el mismo o por lo menos estar ternado. Me conformo con Actor de Reparto.
La desesperación pobló su cuerpo. Imagínense a toda la china comunista migrando a esa masa descuidada o excedida de satisfacción culinaria. Es que de otra manera no podría poblarse nunca su cuerpo. Podríamos quedarnos cortos.
Volvió el cítrico, nunca se fue. No va a retirarse por ahora.
Después de todo, creo que voy a permanecer en su cabeza por un largo rato. Por lo menos formare parte de su discurso el resto del día. Lo planteado en ese momento no será expuesto aquí. Sí, puedo hacer una comparación.
Imaginen una biblioteca silenciosa. Medio completa en sus asientos.
Alguien entra.
Trae consigo libros y una bebida gaseosa enlatada.
Se sienta, mira alrededor. Nota la concentración de los otros sumergidos en la elección literaria de cada uno.
Por debajo de la mesa comienza a batir la lata.
Abrirla seria bastante cliché.
Decide entonces arrojarla contra una pared.
Espero haber sido lo suficientemente grafico. Pero es la descripción adecuada para lo que ocurrió hoy en ese piso de internación en el Hospital. Pobre señorita de tobillos con antecedentes suicidas. Les juro que no soy mala persona. Pero me pagan para eso.
Además de cítrico me descubro mercenario.
Mi consuelo: "soy así en mi trabajo, para no serlo fuera de él". Esta el dinero de por medio. El mismo con el que alcanzo centellas de felicidad a veces. La felicidad de los míos que es la mía también. El Hospital cura y de maneras extrañas.