"La Pared Empapada"
Sumergido en los interminables pasillos de los pisos de internación. Parecería un laberinto.
En un piso, una señora encargada de su gestión, se pasea rebalsando y demostrando sus kilos y muslos que entre sí chocan en el andar. Su dentadura equina no le permite cerrar del todo bien una boca que no se detiene un instante.
Los pelos mal preparados, traen el recuerdo de aquellos cables pelados de cobre por dentro.
¿Cuantos años lleva en este hospital?. Con el tiempo descubrí que hay gente que esta hace mas de 25 años trabajando aquí. Toda una vida, por lo menos gran parte de la que llevo viviendo al día de hoy.
Pero no nos dispersemos, voy a seguir describiendo a aquella señora de talles espaciales y a medida.
No voy a detallar tampoco su nombre; mas sí su función. Tampoco voy a decir que fui a hacer a ese piso. Solo voy a enumerar la sensación vivida en ese momento.
Me imagine su vida. Me sentí parte o un mismísimo sándwich de milanesa repleto de adornos que ella disfrutaría mas de una vez al día. Me sentí por destellos de tiempo, parte de su vida. Tenia que hacerlo para lograr mi cometido.
Debe amanecer. Salir de la cama con la salida del sol. Encontrarse ante ella misma en un espejo de baño. Mirando a su alrededor y descubriendo y aceptando, que con el sueldo del Hospital no podría pagar algo mejor.
Puedo ser bastante cítrico a veces. Sí: cítrico, bien limonero. Pero en fin.
No note en ningún momento en su dedo un anillo de alianza marital. Entonces, el desayuno de las cinco y media se acompaña por la radio oficialista.
La imaginación vuela a partir de este momento.
Debe viajar en alguno de los tantos colectivos que se detienen precisos en la puerta principal del nosocomio. Incómodos viajes diarios son el epilogo de su resignación absoluta. El cruce de las puertas corredizas implican transformarse en alguien. Ser y figurar en los legajos como XXX, Encargada de Tal piso de Internación de Cual Hospital.
Fichar en Personal en la entrada, le recuerda a las palmadas del medico cuando la retiro del vientre materno. ¿Sentirá la misma angustia que sentimos cuando nos quitan y encima nos golpean dándonos la bienvenida al mundo?. Recibimos el mundo entre lagrimas. Entre llantos el nos abre sus brazos.
- Hola mundo... perdón por las lagrimas. No puedo presentarme así ante ti. Ya me veras mejor. Sin esta cara hinchada. Mas limpia. Sin esto que me cuelga de la panza. Alguno lo cortara. Voy a estar mejor para vos. Para que me veas mejor. Ahora solo me queda estimular a mis pulmones para poder sobrevivir en ti.
Ja!. ¿Dirán eso los recién nacidos?. Estoy un poco disperso hoy.
Espera el ascensor. Recibe los "buenos días" de sus compañeros y al fin entiende que no esta tan sola en el planeta tierra. Esta poblado por gente.
Resignada y automatizada ante sus tareas mecánicas de todos los días, seria el primer pronostico.
No se le vaya a ocurrir a nadie plantearle un camino alternativo o situación que implique un cambio.
Ese lugar tuvo que tocarme a mi hoy. Lo siento Señorita; estaria cumpliendo con mi deber.
Sus párpados comenzaron a separarse anonadados por mis palabras. Su boca pedía a gritos un bife de chorizo y sus manos imitaban los movimientos acelerados de un almuerzo o cena poderosos y abundantes. Un gran banquete. Una bandeja de plata repleta de manjares.
Pero no había eso. Estaba yo y mi personaje mas premiado; el que trabaja en el hospital. Creo que podría recibir premios de la academia por el mismo o por lo menos estar ternado. Me conformo con Actor de Reparto.
La desesperación pobló su cuerpo. Imagínense a toda la china comunista migrando a esa masa descuidada o excedida de satisfacción culinaria. Es que de otra manera no podría poblarse nunca su cuerpo. Podríamos quedarnos cortos.
Volvió el cítrico, nunca se fue. No va a retirarse por ahora.
Después de todo, creo que voy a permanecer en su cabeza por un largo rato. Por lo menos formare parte de su discurso el resto del día. Lo planteado en ese momento no será expuesto aquí. Sí, puedo hacer una comparación.
Imaginen una biblioteca silenciosa. Medio completa en sus asientos.
Alguien entra.
Trae consigo libros y una bebida gaseosa enlatada.
Se sienta, mira alrededor. Nota la concentración de los otros sumergidos en la elección literaria de cada uno.
Por debajo de la mesa comienza a batir la lata.
Abrirla seria bastante cliché.
Decide entonces arrojarla contra una pared.
Espero haber sido lo suficientemente grafico. Pero es la descripción adecuada para lo que ocurrió hoy en ese piso de internación en el Hospital. Pobre señorita de tobillos con antecedentes suicidas. Les juro que no soy mala persona. Pero me pagan para eso.
Además de cítrico me descubro mercenario.
Mi consuelo: "soy así en mi trabajo, para no serlo fuera de él". Esta el dinero de por medio. El mismo con el que alcanzo centellas de felicidad a veces. La felicidad de los míos que es la mía también. El Hospital cura y de maneras extrañas.
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4 comentarios:
Reconozco haberme sentido por momentos dentro de ese humilde pero sincero hospital, aunque también debo decir que el relato peca en cierto modo de disperso...
Querido, ya no sé como llegué hasta acá, pero sólo quería darle un consejo...
He trabajado por un breve lapso en un hospital y no he encontrado a nadie que esté a salvo de la más vil automatización. Me imagino perfectamente a la doña. Espero que usted no cometa el mismo error...y sobre todo, si es médico, que no abuse de su poder, porque el poder no es de nadie, sino que circula...
Con cariño.
Alcaucila.
Juans: Es un pecado ser disperso, lo se.
Alcaucil: Le agradezco el consejo. Quedese tranquila, que ya cometi bastantes errores en mi vida y espero seguir haciendolo.
Salud para todos.
la última parte sobre ese llanto al recibir o al ser recibidos por el mundo.Me gusto en su forma. El resto es lo que a veces se quiere evitar. Y es esa decadencia que sacude muchas veces. En fin vine a leerte eso era lo que queria que supieras.
Saludos
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